
Música e inteligencia
Desde que la música se conoce como ciencia y arte indivisible, o sea, desde siempre, han ido caminando a la par lo objetivo y lo subjetivo intrínsecamente relacionándolo con su aspecto emocional. La música ha estado al servicio de aspectos opuestos como el arte sacro y el
profano, conviviendo en el tiempo pero no en los escenarios. Es por esto que me animo a escribir estas líneas, encaminándolo hacia el arte del humor en la música. ¿Y qué tiene de humor la música sacra? Pues precisamente es la antítesis a la música profana, en la que la sátira es el medio y fin por excelencia, y punto de partida por todos los antagonistas del arte sacro que abogaban por el placer de la diversión en cualquiera que fuera el lugar y ocasión.
Hasta aquí, una breve introducción de mis intenciones, pero he de intercalar la más importante. La diversión es un signo de inteligencia, pues las especies más avanzadas han demostrado que saben cómo divertirse. De ahí extraemos la conclusión de que el género humano es el más versátil a tal efecto, pues ha desarrollado en su propio beneficio todo lo que ha considerado provechoso en grado sumo, incluso por el placer de experimentar en proyectos que de antemano sabía que habían de nacer obsoletos, y sólo por el mero hecho de sentirse capaces hasta de hacer el ridículo. Si tenemos en cuenta el género de la ópera buffa, nos daremos cuenta de cómo aprovecharon los compositores la libertad de sus plumas en cuanto tuvieron ocasión, en este género fue un maestro W.A.Mozart.
El último dato a tener en cuenta con respecto a la música es el de la inteligencia. En un lenguaje tan abstracto se pueden plasmar ideas extramusicales descriptivas tanto como subjetivas. Una misma idea puede reflejar imágenes opuestas en dos personas distintas, siendo placentera para ambas. Es en este punto donde el arte llega a la sublimación. Gentes de diferentes culturas son tocados en la emoción por sensaciones que a priori desconocen.
En un estudio de análisis de la corteza cerebral de un melómano, y de un músico profesional, se comprobó que la proporción de actividad cerebral en uno y otro era radicalmente superior. Mientras el melómano mostraba un 15% de actividad cerebral, el músico era de un 80% aproximadamente, porque afectaba a a parcelas no destinadas directamente a la escucha, sino a la percepción sensorial, motora, a la fantasía, a la distinción de colores, etc, etc.(Extraído de un artículo del El País).
Con esto quiero resaltar el beneficio de la música en todos los ámbitos, puesto que estimula intensamente las sensaciones en el cuerpo y en la mente, desarrolla otras parcelas como pueden ser las matemáticas, la concentración, y ser medio para la relajación, la extroversión, etc. Al igual que en la cromoterapia se emplean los colores en estímulo de ciertas actividades; el amarillo para el estudio y la concentración, el azul para la relajación, el rojo... el rojo... es estimulante y dejémoslo ahí, etc, pues la musicoterapia tiene sus aplicaciones en diversos tratamientos, sin tener por qué ser terapeúticos, simplemente para fomentar actitudes.
Todo esto conlleva al tan ansiado equilibrio emocional que todos buscamos, y sobre lo que tanto se ha escrito en libros de autoayuda, psicología, etc. Pues bien, llega el momento de cocinar todo esto para saber cuál es el plato que estoy preparando..
Teniendo en cuenta que los mejores músicos que he conocido en mi vida han sido los más graciosos e incluso humoristas (también en profesionales de otros ámbitos como abogados, arquitectos, cocineros, etc), extraigo la conclusión de que cuanto más nos acerquemos a la música, más parcelas desarrollará en nosotros, aunque no seamos conscientes de ello, pero sí seremos más sensibles para apreciarlo (vean la representación de la Sinfonía de los adioses de F. J. Haydn, en la que la música y los músicos van desapareciendo del escenario como reivindicación, por parte del compositor, del pago de los honorarios retrasados correspondientes a sus músicos, ¡vaya indirecta!).
Lectores y lectoras, no estemos orgullosos del 10% de la capacidad cerebral que utilizamos habitualmente, si la podemos desarrollar un poco más con el placer de la escucha de una buena obra de música, ya sea del estilo que sea, porque en todas las épocas de la historia ha habido obras maestras que, seguro no hemos exprimido totalmente en beneficio propio. Coincidan conmigo en que la música es la expresión de arte más mágica que existe por lo etérea, abstracta, y en ocasiones, absoluta.
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